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Nota de opinión: Retroceder ¿Es la única estrategia? ¿Aprehendemos algo?

Por Armando Sanchez
Presidente de Políticas para la República en Entre Ríos y Candidato 2019 a Intendente de Paraná.

No creo en la confrontación de amigo contra enemigo, eso no aporta a la concordia y a la paz social. Pero vale decir que tampoco aporta a la paz social la injusticia. Injusticia es lo que sienten tantos ciudadanos frente a la renuncia a libertades que se les exige. Parece que esta es la única solución que se tiene y muchos emergentes e indicadores demuestran que hay otras vías por las que no se están accionando. Volver a esta situación es una confirmación sin que se vuelvan a tocar otras variables es dar pasos para atrás.

En esta crisis multidimensional en la que nos sumió la Covid-19, no se avizora un camino de salida, ni desde el nivel nacional, ni desde el nivel provincial, ni del municipal. En situaciones como esta, el proceso debería ser siempre visualizar caminos posibles, sea uno, dos, tres, o quince, pero hay que visualizarlos, y adelantarse con soluciones a cada eslabón que pueda ir aconteciendo, y planificar posibles soluciones para cada escenario. La visión es la regla de todo buen líder.

Escuchar, en la política, es básico. Los ciudadanos se hartan de encontrarse con una pared. Hay una casta política que demasiadas veces ha mostrado un rostro lejano, blindado e inalcanzable. Se demuestra día a día que están para otra cosa muy diferente de lograr soluciones integrales. Desde Políticas para la República siempre dijimos y sostenemos que la cuarentena fue la decisión correcta, pero consideramos que fue mal administrada, y que debe ir acompañada de una visión de escenarios posibles, y de una mano tendida y constante a todas las otras realidades que la circundan.

Escuchar y ver

Desde el Partido no hemos dejado de acercarnos a diferentes realidades. Nuestra forma de trabajar es estando cerca del vecino, desde los comerciantes, los trabajadores, los agentes sanitarios, empleados del sector público y privado, e incluso, con personas que han padecido el virus, y sabemos cada detalle de todo lo que han visto, y todo aquello por lo que transita hoy alguien que lamentablemente se contagia

Pasaron tres meses de cuarentena sin un solo caso, hubo un tiempo propicio para prepararse de la mejor manera posible, sabiendo que este tiempo no iba a bastar para el retraso histórico del sistema de salud, las cuestiones complejas y de fondo necesitan soluciones complejas y de fondo. Sin embargo, hoy nos damos cuenta de que el fracaso de la forma en que se ha manejado esto, tiene que ver con mediocridad, con desidia, y en algunos casos, corrupción.

Cuestiones que afloran: testeos

Mariana, Exequiel y sus hijos, fueron de las primeras personas que se contagiaron en Paraná, a mediados de junio; también corrió la misma suerte la madre de él. Recibieron cuidados médicos en distintos nosocomios. Exequiel nos decía «lo que vi en mi trabajo, donde somos casi 130 empleados, es que si habrán testeado a treinta personas, es mucho. Solo a quienes tuvieron algún tipo de síntoma.» La solución para sanos, enfermos con síntomas o asintomáticos fue la misma, se los mandó a la casa.

Janet fue otra paranaense que atravesó la enfermedad. Su caso se visibilizó por un video donde tenía un roedor en su habitación, cuestión que termina siendo anecdótica cuando nos cuenta otras situaciones. Nos relataba cómo tuvieron que ir a varios lugares, donde no querían hisoparlos y los mandaban a sus casas. Sólo hasta que los síntomas se hicieron más fuertes, comenzaron a dejarlos internados, a su papá, su mamá, su hermano y a ella. Cuando le hicieron el test, resultó no detectable, pero el análisis clínico determinó que estaba cursando el Covid-19. En el medio, se perdió tiempo, valioso tiempo, que hubiera servido para cortar la cadena de contagios aislando a contactos estrechos que esta familia había tenido pero que nunca fueron advertidos porque no tenían diagnóstico.

La confirmación de que estos dichos no son casos aislados la dan por un lado las estadísticas, que demuestran que la positividad de los testeos es un indicador que nunca paró de trepar a nivel país o a nivel provincia. El promedio nacional es del 50% y en la ciudad de Paraná presenta números similares con picos del 70% según los días. Esto nos lo confirma una persona que integra los equipos médicos que están en el frente de batalla. «Hoy mandamos casi un centenar de hisopados y procesaron menos de la mitad», nos decía cuando le consultamos y agregaba: «Los protocolos que son la única guía de acción que tenemos como médicos, van cambiando todos los días, por ejemplo la definición de caso sospechoso, la del criterio de alta. Antes se hacía hisopado al final y si daba negativo te daban el alta. Hoy, como no hay capacidad, si no requeriste internación y tuviste 10 días de aislamiento, más tres días de asintomático, tenes el alta. Sin saber si seguirás contagiando o no.»

Ni la cuarentena más larga, soluciona los problemas históricos

Así como uno no puede estudiar en una noche lo que debió hacer en un cuatrimestre, en una cuarentena, por más larga que sea, no se van a poder solucionar los déficits a los que nos han conducido.

Exequiel, Mariana, Janet, y sus familias estuvieron cada uno en distintos lugares: El Hospital San Martin, el San Roque y la Baxada. Todos coinciden y valoran el esfuerzo del personal de salud. Ellos están en la primera línea, ven lo que ocurre, no dan abasto con lo que tienen, hacen lo que saben hacer. Así lo cuenta un profesional en primera persona: «El personal viene sin respiro. Para nosotros ha sido ‘reventar’, con poco dormir, y sin descanso. Pero no podemos tapar los huecos de los otros (Se refiere a quienes toman decisiones). El gran problema fue y es haber ido a destiempo. Nosotros estábamos con la cabeza en la pandemia, y el Ministerio se cruzaba de brazos. Ellos dicen «hacemos, hacemos», pero operativamente, dejaron pasar los días. Y a destiempo es porque se hablaba de respiradores, pero el problema es la falta de profesionales y lugares preparados. Hoy nos toca como personal médico no solo dar soluciones a los pacientes, sino también responder a los pedidos de soluciones que vienen de ‘arriba’ y la cosa debería ser al revés».

Lo que señala este profesional es clave. Uno puede comprar tantos respiradores como recursos tenga o consiga o haya en el mercado. Pero uno no puede en pocos meses recuperar la obra pública que no se pensó, no se planificó ni mucho menos ejecutó. Tampoco uno puede sacar profesionales de la galera. Ejemplo es el déficit histórico que tiene Argentina de disponibilidad de un recurso humano fundamental que son los enfermeros, pocos o nulos incentivos se han hecho con los para promover que más y más personas opten por esta profesión ya que quienes así lo hacen, se encuentran con poco reconocimiento. Después de años de estudio, un profesional de enfermería que ingresa al sistema público de salud en la provincia recibe un sueldo de poco más de $25.000.

Solos y a fuerza de voluntad

Edith, que trabaja en un hospital geriatrico, me comentaba cómo los profesionales y trabajadores del lugar se pusieron al hombro la situación, ante la total falta de comunicación con el Ministerio de Salud y la descoordinación interna de la institución. «El servicio en el hospital se viene prestando, pero en gran parte es por voluntad propia del personal, no porque haya un mando que así lo ordene. Una de las médicas fue la que se encargó de exigirle a la administradora que comprara alcohol en gel, dispensadores, atomizadores; se encargó de que los compañeros tuviesen sus equipos de protección, principalmente las mucamas que están todo el tiempo en contacto con los adultos mayores, ya que es un geriátrico. La Dirección del hospital relativizó la pandemia, no se preparó y se tomaron decisiones sin coherencia o consenso. Por ejemplo, las mucamas no pueden salir de los pabellones en sus turnos de doce horas, ni siquiera al patio, aunque el hospital está en el medio del campo y hay suficientes espacios abiertos. Cuando el Director dió positivo de Covid, su reemplazante dijo que había que tranquilizarse ya que el hospital no trabajaba con coronavirus, siendo que teníamos tres casos confirmados en la institución. La falta de información, la descoordinación y la falta de apoyo del Ministerio hizo que se tomaran malas decisiones, que afectan al paciente y también al personal, que hoy es escaso y con un nivel de estrés creciente», finalizó.

Me dice Janet: «mi papá estuvo en el San Martín. En un momento lo pasaron a una piecita que según él parecía una especie de pasillo que lo habían convertido en habitación. No tenía estufa y por las noches pasó frío. Se que tuvo un par de discusiones. Pedía ciertos elementos, y le decían que no había no sólo para él, sino que no tenían en todo el hospital». En el San Martín también estuvo la madre de Exequiel, y me cuenta: «en los tres o cuatro días que estuvo hasta que la mandaron a su casa, el baño estaba tapado, solo servía para orinar, y para bañarse, solo tenía agua fría. ‘Tenga paciencia, porque nosotros hacemos lo que podemos con lo que tenemos’ le decían a mi mamá.»

Mariana nos contaba de su experiencia en el San Roque, diciendo que «ingresamos la mañana de un sábado con mis dos hijos. Ese sábado a la tarde, no les dieron nada para comer. Todo lo que preguntamos o pediamos nunca tenía una respuesta certera. A los dos días vi a un funcionario decir que en el San Roque estaban re bien preparados, y manejándose muy bien, y yo lo contrastaba con mi experiencia en la que me di cuenta de que no estaban para nada preparados para recibirnos»

Qué hacer, entonces

Es muy fácil la solución de cerrar todo, generar miedo y confusión. Es la solución que menos recursos estatales necesita, y no conlleva pensar mucho. Nunca se mostró a la ciudadanía ningún entramado de soluciones y de caminos posibles, más que retroceder casilleros. Y eso que hubo tiempo para planificar. La solución de quedarse en casa hasta que llegue la vacuna es definitivamente inviable cuando se contempla de manera multidisciplinar esta situación. Retroceder es reconocer la ineficacia.

Había que ir habilitando, claro que sí, pero siempre ampliando y haciendo estrictos controles de protocolo, e invirtiendo en testeos, y en reforzar los recursos humanos. El riesgo cero no existe pero necesitamos, a seis meses, avanzar casilleros. Es tiempo de avanzar. Mientras tanto, se pierden empleos, se cierran locales, se rompen sueños, se pasa hambre, se propaga otra pandemia que es la de la desigualdad, y se deja de creer.

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