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Los manotazos de ahogado – Por Armando Sánchez

«Hacer la plancha, estar ahí flotando en medio del agua, rogando para que no haya viento, una inmovilidad absoluta, que no pase nada que rompa la tensa calma, acordando con unos y otros pero sin encaminarse hacia ninguna orilla. Ese pareció ser el leitmotiv de los primeros cuatro años de la gestión actual en la provincia de Entre Ríos. «

Nota de opinión de Armando Sanchez – Presidente de Políticas para la República en Paraná

Sin norte, sin proyectos, «estar», la pregonada virtud, «ordenar». Pero esa calma se rompió, comenzó a soplar el viento y el agua a revolverse. La crisis que se venía arrastrando se terminó de profundizar gracias a la llegada del Covid-19 y tuvieron que empezar los manotazos de ahogado.

Los problemas ya son conocidos, no los trajo ni el coronavirus, ni la cuarentena; pero la falta de decisiones y acciones durante años ahora parecen ponerse a la luz gracias a estas dos nuevas variables. ¿Qué obras de relevancia se han hecho en la provincia con presupuesto propio? ¿Cuántos hospitales? ¿Cuántos kilómetros de caminos de la producción fueron asfaltados? ¿Cómo se abordó el déficit histórico de la caja de jubilaciones? ¿Para qué se invirtieron los préstamos tomados? ¿La deuda pública fue para inversión o para el gasto corriente?

Y cuando se hizo como si se tomaran cartas en el asunto, siempre terminó siendo a medias o las palabras se las llevó el viento. Algunos ejemplos: En 2016 se sostenía que se iba a impulsar una nueva ley de Parques Industriales, para actualizar la normativa que databa de 1987; pasaron los años y nunca llegó. A finales de 2017, y siguiendo los vientos nacionales en esta virtud de acomodarse siempre, se impulsó la Reforma Tributaria que rápidamente en 2019 fue llevada para atrás y tributos como la Ley 4035 no fueron suspendidos como estaba previsto. También en 2018 el gobernador anunció que iba a impulsar una reforma política diciendo «Todos saben cuál es mi pensamiento sobre el particular». Su pensamiento no pudo alinear siquiera a la propia tropa y se terminó realizando una mini reforma que solo adelantó las elecciones. Y esas elecciones llegaron y esas supuestas virtudes autoproclamadas de «administración ordenada», «funcionamiento», «austeridad», se configuraron como un velo que taparon la realidad y le valieron la reelección.

Algunos mitos

Tras ese velo construido, la realidad es que en Entre Ríos se ha hecho poco y nada a lo largo de los últimos 20 años, y lo peor es que no se sabe que se va a hacer. Por ejemplo, y volviendo al 2019, desde su reelección hasta el inicio de su nuevo mandato el gobernador tuvo seis meses en los cuales ni siquiera los entrerrianos le conocimos ni proyectos, ni gabinete, nada. Se anunció a las corridas en diciembre; tan a las corridas que funcionarios como el Ministro de Planeamiento, fue cambiado rápidamente cuando se logró lo que se deseaba: un mejor cargo, con mejor sueldo y más caja, en la Comisión Técnica de Salto Grande.

Entre los mitos construidos y difundidos podemos encontrar algunos como el de la inversión en obra pública en la provincia. El informe de la gestión 2015-2019 habla de 7.300 millones invertidos en toda la provincia y que 5.100 millones, el 70%, provino de fondos provinciales. Estos fondos fueron destinados a 179 obras, con un presupuesto promedio de 40 millones por obra. Mientras tanto, la provincia de Santa Fe por ejemplo llevaba invertido solo en el marco del Acuerdo Capital, que son obras que el gobierno provincial llevó a cabo entre 2015-2019 en la ciudad de Santa Fe, un monto total de 7.030 millones.

El otro mito fue el orden en las cuentas públicas. El gobierno de Entre Ríos invierte el 92% de su presupuesto en gastos corrientes, es decir sueldos, prestaciones sociales, transferencias a municipios. Mientras que la inversión real directa es de solo el 6%. Eso es en términos presupuestarios; en términos de resultados, se han acumulado números rojos.

En búsqueda del salvavidas

Si los números venían en rojo, le sumamos el Covid y tenemos el combo perfecto. Si el privado no produce, el Estado no recauda. Y como todos los ahogados, el gobierno entrerriano tiró manotazos para sobrevivir. Así de pronto y en menos de una semana la escribanía legislativa, sancionó e inmediatamente se promulgó una nueva Ley de Emergencia Solidaria, y una vez más la palabra mágica, «Solidaridad».

El camino, el fácil y el de siempre: suplir la falta de acciones y malas decisiones por un lado aumentando los aportes que los trabajadores hacen a la Caja de Jubilaciones (uno de los puntos más deficitarios de la administración) y por otro poniendo actores como bancos como objetivos de más impuesto a los ingresos brutos. ¿Quién podría oponerse a cobrarles más impuestos a los bancos? En la volteada del ahogado también cayeron las droguerías y los propietarios de más de 1.000 hectáreas que recibirán impuestos extraordinarios en virtud de la emergencia.

En estos días, mientras se escriben estas líneas, aparecen otros proyectos que van en el mismo sentido, de aumentar la recaudación como sea, como es el de gravar impositivamente a plataformas de internet o servicios que se consumen en el exterior con Impuesto a los Ingresos Brutos.

El ahogado, sus secuaces e incluso aquellos que se le oponen desde las bancadas legislativas, no saben, ni supieron buscar otras soluciones más que la supervivencia y la mantención del status quo. Vieron poco a poco, año tras año el río revolverse y siguieron haciendo la plancha.

En Paraná la situación compleja también era sabida y en diciembre pasado nuestros concejales, conociendo esta situación, propusieron la baja de un 25% en los salarios de los cargos políticos y la idea no prosperó. Quizás el problema era que la propuesta vino a poner en evidencia que las cosas no estaban bien, que parte de ese status quo en que muchos se ven involucrados el ciudadano de a pie no lo soporta más, y qué nuevos caminos debían ser contemplados. Porque el Estado es muy necesario pero debe ser eficiente, ordenado y transparente, y los gobernantes deben estar en sintonía con las realidades de sus gobernados.

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